Aunque no sepa quererte de la forma que a ti te gustaría, siempre te querre con todo mi corazon de la mejor forma que sepa.

27 noviembre 2010

Unos ojos, un parque y dos personas sumidas en la soledad. 1

Hacia frío, los copos de nieve caían despositándose grácilmente sobre el asfalto. A estas alturas de la noche un manto blanco cubría ya todas las calles que su vista lograba alcanzar.
Alzo la mirada al cielo, esta noche estaba diferente, no sabía si era porque hoy no había estrellas o por los pequeños copos que se asemejaban a nubecillas de algodón que descendían desde él, pero algo había cambiado. Le dio la última calada a su cigarro antes de apagarlo en el alféizar de la ventana y tirarlo por el hueco que esta dejaba. Observo como caía lentamente y como se hundía hasta desaparecer entre la nieve. Le echo una última mirada a las oscuras calles de Berlín y cerro la ventana. Sabía que algo pasaría mañana, algo especia, no sabía si sería bueno o malo, pero algo cambiaría mañana. Se acostó, arropándose bien y cubriéndose hasta el cuello con su cálido edredón. Cerró los ojos, mañana sería otro día, un día nuevo y diferente pensó antes de dejarse llevar por Morfeo a una dimensión totalmente diferente a la que habitaba.


Caminaba a paso rápido, su mirada se movía de un lado a otro, temía que lo descubrieran, si eso pasará se vería metido en un lío demasiado grande.
Guardo sus frías manos en los bolsillos de sus tejanos mientras apresuraba un poco mas su andar, ya podía divisar al final de la avenida aquel majestuoso edificio que el muy bien conocía. Una gélida brisa le hizo estremecerse de arriba abajo, aveces se asombraba de lo frío que podía llegar a ser el invierno alemán. Un nuevo soplo de aire, esta vez algo mas fuerte que el anterior hizo que su capucha resbalara por su cabeza hasta su espalda, dejando sus cabellos totalmente descubiertos. Alargo ambas manos para agarrarla y colocarla nuevamente en su sitio, pero cuando la acción iba a ser efectuada su mirada se cruzo con otra. La conexión no duro mas de dos segundo, pero fue el tiempo suficiente como para que pudiera ver el dolor y la melancolía que aquella joven guardaba en su interior. Observo como pasaba por su lado con la cabeza agachada y a un paso demasiado lento para su gusto. Siguió sus gráciles andares hasta que ya no los pude ver mas cuándo la muchacha dio la vuelta en la esquina de la calle. Se giro nuevamente y continuo con su camino, aunque la mirada de aquella chica se le había grabado en la mente.
Estuvo pensando en aquellos ojos el corto trayecto que le quedaba por andar, y cuando se dio cuenta ya se encontraba dentro del cálido edificio. Saludo con una dulce sonrisa a la recepcionista y sin mas se dirigió hacia el ascensor, no sabía cuando lo volvería a tomar para salir de allí, quizás al final del día o a final de la semana, no lo sabía. Entro en el ascensor y pico apurado el botón que indicaba la planta a la que debía ir, aún le quedaba un duro día de trabajo por delante.


Sus piernas se movían rápidamente de una forma completamente mecánica, derecha izquierda, derecha izquierda, no sabía a donde iba, pero tenia claro que muy lejos de aquel infierno.
Miro hacía atrás una vez mas, había dejado ya muy lejos aquellas calles que conocía muy bien, ahora se encontraba en un lugar por el que no solía ir muy a menudo, la zona por decirlo de una forma, rica, de la ciudad. Delante suyo se elevaba el maravilloso edificio de la discografía universal, lugar en el que tiempo atrás había trabajado alguien conocido, quien sabe, quizás aún seguía ahí. Dejo de observar aquel lugar y camino hacia delante, ahora sabia a donde quería ir.
Llevaba ya un buen rato caminando por aquella gigantesca avenida, su paso era lento, no tenía prisa alguna por llegar pronto a su destino. Su mirada iba fija en el suelo, perdiéndose en aquel oscuro asfalto, tan oscuro como el sentimiento que un día se apodero de ella y que por el momento, aún no la había abandonado.
Alzo su mirada un momento, justo en el momento indicado para que sus ojos se cruzaran con unos de un bonito color miel. Fue una conexión pequeña, pero ella se pudo dar cuenta de la soledad que había detrás de aquella bella apariencia que tenían a simple vista. Agacho la mirada de nuevo, avergonzada no volvió a alzar la vista, pero no acelero el paso, temía que aquel gesto delatara la vergüenza que sentía en aquellas momentos, quizás aquel joven también hubiera visto algo mas allá de lo que sus ojos demostraban a simple vista, aunque a diferencia de los de el los de ella no eran bonitos, unos ojos oscuros vacíos, sin nada que llamara la atención.
Siguió con su camino hasta legar ala esquina, donde giro a la derecha y sintió un alivio repentino al hacerlo, había notado la mirada de aquel muchacho clavada en su nuca, como si ella le pudiera llamar la atención en algún sentido. Sacudió la cabeza alejando de ella aquellas tonterías. Se apoyo contra la pared y miro el cielo, oscuro, con enormes nubarrones que en poco, comenzarian a descargar miles de copos de nieve, igual que anoche.
De un momento a otro la nube que observaba se convirtió en la mirada de aquel joven. Se sintió tonta por recordarle de nuevo, pero la tentación pudo con ella y asomo su cabeza por la esquina. Allí estaba él. Caminaba con un paso muy rápido pero elegante, le observo hasta que lo vio entrar en aquel edificio que minutos atrás había mirado maravillada, aunque aquello no quería decir que le gustará que el entrara allí o sintiera envidia, para nada. Lo que sintió fue decepción. Seguramente fuera miembro de algún grupo de música lo que equivaldría a un chuloplaya o un gran ejecutivo, que a su temprana edad, ya manejaba mucho dinero.
Enfadada por culpa aquel chico siguió su camino, aunque no pudo evitar dejar de pensar en sus ojos, aquella mirada decía mucho, le interesaba.


Al cruzar el umbral de la puerta el helado viento de la noche Berlinesa le azoto la cara, era mejor que hoy hubiera tenido que quedarse allí durante toda la noche. El día le había resultado ameno, mucho mas de lo que el pensó que podría llegar a ser, habían grabado una canción y terminado de ponerle la música a otra, ¿que mas les podían pedir si solo quedaba un canción por grabar y estaban a un mes del estreno de su nuevo disco? nada, absolutamente nada pensaba él.
Saco una caja de tabaco de su bolsillo trasero y sacando uno volvió a guardársela. Se lo encendió mientras observaba fascinado el escaparate de una nueva tienda de música que hace menos de un mes habían abierto allí al lado, tenía unas guitarras preciosas, hubieran sido un regalo genial para Tom, pensaba siempre que las miraba, pero tendría que esperar un año, ya tenía el regalo de esas navidades y su cumpleaños ya había pasado así que...
Mientras caminaba hacía su casa maldijo el tener aún tan solo 17 años, como necesitaba un coche para estos momentos. Cruzo la calle y paso por delante de un parque. Aun era pronto se dijo así mismo. Se desvió y al poco ya estaba rodeado de árboles y pequeños matorrales.

Camino por el pequeño sendero hasta una pequeña plaza. Levanto la vista del suelo y la fijo en uno de los bancos, ¿que hacia aquí?. La observo durante uno minutos, su larga cabellera morena caía a ambos lados de su cara cubriéndole el rostro, sus pequeñas manos rodeaban sus rodillas, a las cual se abrazaba mientras miraba fijamente algún punto de la fuente que tenía en frente. No muy segur0 camino en su dirección y se sentó a su lado, arriesgaba bastante con aquella acción, ¿pero que mas daba? algún día debía cometer una estupidez así.
El banco chirrió por el peso que le fue añadido al sentarse él, pero aquello no hizo que la chica le mirara, simplemente se separo algo de el como acto reflejo. Unos segundos mas tarde, los ojos de ella se clavaron de improvisto en los suyos, atrayéndole de una manera inimaginable.


Allí paso la tarde, sola, sin nadie para reprocharle porque estaba allí y no estudiando, o porque una chavala tan joven ya fumaba...no había nadie que pudiera decirle nada de eso, le agradaba aquel lugar. Tubo mucho tiempo para pensar, acerca de su vida y de unos ojos que parecían haberla hechizado, no los podía olvidar.
Conforme el cielo se iba oscureciendo hacía mas frío, y llego un punto en el que los pies ya no existían, al igual que las manos. Estaba congelada. Se abrazo a sus rodillas y fijo la mirada en la fuente, la cual no tardaría mucho en congelarse..al igual que ella.
Mantuvo la mirada fija en los pequeños chorros de agua que caín hasta que sintió que alguien se sentaba a su lado. Se alejo de el instintivamente y después clavo sus ojos en los de aquella persona con la intención de intimidarla, pero no lo conseguiría, no después de ver que ojos era aquellos.

Volví a sentir un escalofrío recorrer mi espalda, el mundo se paralizo a mi alrededor, me quede sordo para todo aquel sonido que no fuese su respiración o la mía, y el único movimiento que percibía era el coqueto batir de sus pestañas.
Me sumergí de lleno en aquel océano color avellana que formaban sus ojos, andando entre el dolor y la amargura, flotando sobre la soledad y deleitando a mis oídos con los agudos gritos de dolor producidos por su corazón, ¿que le habría pasado a aquella chica?
Busque algún brillo de alegría, algo en sus vacíos ojos que me dijera que había algo en el mundo que la hacía feliz, pero no encontré nada, absolutamente nada.


Profundos, me bañe en aquel mar color miel durante un largo rato. Al entrar allí, en la puerta, había un cartel que rezaba las letras SOLEDAD, y detrás...no veía el final, todo era soledad y mas soledad.
Escarbe entre los pequeños huecos en los que pensé que podría haber algo mas aparte de aquello, pero nada, ni amor, ni amistad, ni felicidad...sus ojos solo mostraban soledad, una soledad que le debía de ir comiendo poco a poco. ¿Que le habría pasado a aquel chaval?
Seguí buscando, pero aquellos era inútil, no iba a encontrar nada mas en aquellos hermosos ojos, serían profundos, si, pero como si de una puerta de seguridad que tuviera el cartel PROHIBIDO EL PASO AL PERSONAL NO AUTORIZADO no pude llegar hasta el fondo, no pude descubrir lo que verdaderamente había debajo de aquel triste sentimiento.
Nuestras miradas se desviaron tras un largo tiempo. Sentí como el calor acudía a mis mejillas y abracé con mas fuerzas mis rodillas mientras me revolvía nerviosa. Mire por el rabillo del ojo a aquel muchacho,al igual que yo miraba hacia el frente mientras apretaba el puño de su sudadera con fuerza.
-¿Quien eres?-. me atreví a preguntar tras un incómodo silencio.
-¿No me conoces?-. dijo con tono de incredulidad. Lo observe por rabillo del ojo, pero la incredulidad de su voz no tenía nada que ver con la reacción física. Su mirada se mantenía fija, observaba la fuente con detenimiento mientras apoyaba uno de sus brazos sobre l pierna que había flexionado subiéndola al banco.
-¿Debería?
-Supongo que si-. y de nuevo sentí esa íntimidante mirada sobre mi. Le mire nuevamente por el rabillo del ojo, se había girado quedando de cara a mi, ahora que lo veía bien, este chico me sonaba de algo. Gire yo también mi cabeza, quedando así los dos cara a cara, cerca, muy cerca el uno del otro.
- Ahora que lo dices, m suenas de algo, pero no se de que, quizás algún día te ha visto en algún lado, quien sabe, he visto a tantas personas.-. parece que mi reacción no le agredo mucho, porque arrugo la nariz con gesto de desaprobación, aunque al darse cuenta de aquel gesto una afable sonrisa surco su rostro.
-Quizás me hayas visto en la tele, o en una tienda de discos-. Le mire con curiosidad... creo que ya se quien es, pensé al fin.
-Ya se quien eres-. dije soltando una débil risita-. Bill Kaulitz ¿no? el súper cantante de Tokio Hotel.
-El mismo-. pero en su voz no había orgullo, ni superioridad o algo que lo caracterizara como el típico famoso estúpido.
-¿Tu no eres ese de la sonrisa profident o algo así?-. creo recordar que algunas chicas en el insti habían dicho eso y que no paraba de sonreír, aunque vamos.. la sonrisa de este tío tenía poco de profident, y la vez que había sonreído poca felicidad emanaba con ella.

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